Parte 5 – Menta

Las luces eran de color ámbar y llenaban un ambiente cálido y romántico, el bullicio de las personas llenaban el lugar, más no les impedía estar en privacidad con quienes compartieran café en aquel lugar, mesas pequeñas, sillas cómodas y una guitarra ambientaba aquel lugar. Las estrellas se podían ver y el frío se podía sentir. Era una casa antigua con un jardín al centro y cuartos que rodeaban aquella atmósfera.

En la mesa más próxima de un gran árbol de esos que pueden ser un gran hogar para ardillas y conejos, se encontraba tomando un sorbo caliente de un té de menta caliente:

-¿Cómo es que te pudiste quemar con un escape de motocicleta a tan corta edad?

Casi escupe el último sorbo que había tomado -Pues así, mi madre siempre me había cuidado demasiado, pero esa vez, logré escaparme y hacerme una cicatriz de guerra.

-Las mamás siempre son tan protectoras que a veces hieren de amor. Fue su comentario sincero.

La noche caía y la charla aumentaba, sus almas eran tan similares que tenían miedo que fuera falso, seguramente algún secreto burdo debía de existir. Sonaron las diez y las once, las doce y la una, y ahí fue cuando se comenzaron a despedir…

-Gracias por el té, en verdad que ha sido uno de los momentos más cálidos de mi día.

-Es un verdadero placer, gracias por ayudarme a volver a mí con el café matutino.

-Solo intente ayudar, tengo tan poco tiempo en la empresa, que no sabía como colarme para comenzar a mezclarme entre los nuevos compañeros.

-Pues el café siempre logra abrir caminos.

-Lo ha hecho, mira que me trajo a esta noche, bajo este árbol con una muy buena compañía.

-Me sonrojas.

-No es mi intensión.

¿Caminamos? -Por favor.

La luna los acompañaba en su andar y el frío los hacia unirse cada vez más a cada paso, se sentían unidos por el alma, era la sensación de amor más sincera que ambos habían sentido en su vida, pero que no se atrevían a aceptar. Eso que siempre habían negado, el amor a primera vista, se les aparecía con pie firme y con ganas de comenzar, más sus miedos los escudaban y no los dejaban continuar.

-Voy a pedir el taxi que me lleve a mi casa.

-¿Quieres que te acompañe?

-No es necesario, ya has hecho demasiado acompañándome a cenar el día de hoy.

Con una sonrisa en el rostro y con muchas ganas de ser compañía, decide no presionar y dejar que se marche en aquel coche color negro, lo seguía con la vista hasta que se perdió. Caminaré, pensó, así que desde el centro de la ciudad, se fue para el este y comenzó a recapitular todo lo que había pasado en su día, así llego a la puerta de su edificio, con las llaves en la mano, con una gota de sudor frío en su sien y su corazón palpitando a más de cien, se detuvo y su conciencia le ha dice:

-Por más que te niegues, sientes que el amor llego a tu vida.

 

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