Parte 4 – Menta

Por algunos largos segundos, estaba nadando en aquella mirada que erizaba la piel.

-Sin problema. Tomó la bolsa de café con su mano libre, dejo la taza de agua caliente sobre aquella repisa y abrió la bandeja para llenarla de <<Tolerancia en grano>>

Las ganas de volver a encontrar su mirada era tan tentador, dentro de aquel momento, solo se escuchaba el sonido del molino al romper el grano de café. Podía sentir la presión en su espalda, mientras doblaba la parte superior del costal que le habían entregado. Con mucho esfuerzo y timidez decidió girar, para darse cuenta que se encontraba en soledad dentro de la cocinera del sexto piso del edificio gris que lo mantenía a flote en está vida.

¿A dónde fue?. Fue lo primero que pensó, ¿Será que es su primer día en la empresa? Conozco a cada persona de este piso, aprendí cada nombre y ahora resulta que su mirada era totalmente anónima.

-¿Ya casi está el café? Le preguntaron desde el pasillo.

-Carajo, me asustas, si, ya no tarda en estar listo. ¿Cómo estás?, a preguntado después de darle un beso en la mejilla en forma de saludo a su mejor amiga de la oficina.

-Bien, tengo un dolor de cabeza, de esos que te recuerdan que no fue buena idea desvelarte anoche. ¿Qué te pasa? La distracción te abraza.

-Nada. Mintió con todos los dientes.

Lleno su taza de café, sin azúcar y se fue directamente a su oficina, pues la mañana tenía que iniciar y lo haría sin saber donde encontrar a su ayudante de café.

Las primeras horas del día volaron y cómo era de esperarse decidió comer en su lugar, porque tenia bastante atraso en su labor y no podía permitirse el distraerse un poco. El sonido del teclado de su computadora eran el soundtrack de aquella tarde.

Menos correos, menos juntas, más reportes, más entregas, más estadísticas, su mano buscó de lado derecho su taza y se dio cuenta que aún contaba con el último sorbo helado, de su café matutino.

-Qué suerte la mía, apenas encuentro algo lindo en esta oficina y se olvida por completo a causa de tanto correo. Se quejo para sí.

La hora de salida se acercaba y decidío salir puntualmente, después de su reflexión matutina, no tenía ganas de estar más tiempo de lo debido en aquel lugar donde no llegaban los rayos del sol.

El checador emitió su <<bip>> de salida y con su mochila en el brazo, salio del edificio. Qué día tan más caótico, pero aún así contaba con una sonrisa en el rostro. Levanto la mirada y a lo lejos, pudo localizar la cabellera fiel compañera de la mirada que lo había hipnotizado, ¿Acaso era el destino? Corrió sin saber, sin encontrar motivo, tomo su brazo delicadamente y se giro:

-Casi te vas sin que te hubiera dado las gracias.

Con la mirada sonriente y con una breve respiración de susto, salio de su boca -Solo fue café, no hay nada que agradecer.

-Para ti solo fue café, para mi fue una taza de paz. Tienes tiempo de ir por otra taza?

-¿De café?. Le contestan.

-De café, té, tizana, lo que gustes.

-Un té de menta por favor, mi favorito.

Un escalofrío recorrió toda su espalda, algo diferente pasaba.

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