Una mujer radioactiva

El temido trece, trece, trece, dio su llegada un lunes a las ocho de la mañana donde estaba con mis hermanas.

-Ruth, pasé por favor.

Con esta indicación dimos paso a una habitación al parecer nada fuera de lo normal, solo con una pequeña etiqueta donde se podía leer “Nuclear”. Tome asiento, sola, me hicierón abrir un contenedor esferico de cierto metal, el cual tenia un aspecto muy pesado y de ahi, por medio de un listón, salio un pequeño botecito donde yo sospechaba que no podía tener más tres cucharadas de algún liquido; Agua, liquido salado del botecito y un vaso de agua completo, fue lo que le dio radiación a mi cuerpecito. Estaba lista para irme al claustro.

Mi lugar, constaba de unos metros cúbicos, una cama, una mesa de plástico, una ventana donde podía ver el color del cielo, libros, muchos de ellos, historias, ganas de escribir, ganas de escucharme.

En mi mente, no sabia que pasaría, no sabia que era lo que estaba a punto de vivir, si quizá el inicio de una esquizofrenia o la aventura más grande de mi vida; gracias a Dios fue la segunda.

Cuando llegaron a termino estos días, lo primero que dije fue: Háganlo, si tienen oportunidad de no tener televisión, no tener internet, no tener el celular por un número de días, de verdad tomen el reto y váyanse, conozcanse y regresen con toda la actitud a ese mundo que dejaron lleno de muchas dudas, ruido y quizá sin tener un destino en tu viaje.

Los primeros dos días, fue cuando pude escribir, vomite todo lo que me estorbaba en el exterior y me dedique a aceptar ante Dios lo que tenia en ese momento, comenzaba a estar lista para poder discernir. El tercer día fue cuando mi cuerpo reconoció que algo me pasaba, cansancio, ojeras y muchas ganas de no hacer nada.

Me dedique a comer, bañarme y descansar.

Aprendí a bañarme sin mojarme el cabello, pues tenia cuatro duchas diarias y mi piel lo comenzaba a resentir.

Aprendí que la familia es de lo que más estoy agradecida, de la familia cosanguinea y de aquella que fui formando atreves del tiempo con mis personas cercanas.

Aprendí que es necesario decir no.

Aprendí que me gusta comer paletas heladas como postre.

Aprendí que quiero escribir historias que lo haga viajar lejos de sus problemas y lejos quizá de los míos.

Escribo para mi y me encanta que a ti te guste esto que encuentras aquí.

Existen muchas cosas que quisiera contarles, cosas que me alegran la vida y me ayudan a caminar mejor. La vida es eso que pasaba mientras veía el cielo azul desde mi cama, el respiro de paz y la sonrisa que hacia en mi rostro cada vez que escuchaba que mi hermana mencionaba mi nombre. No estaba sola. No estoy sola. Los tengo a todos ustedes.

Agradezco a cada uno de ustedes por las buenas vibras en este renacer, hay un parteaguas en mi existencia desde ese 13 de marzo del 2017.  Desde hoy volteo y reconozco aquello que se quedo atrás.

6 thoughts on “Una mujer radioactiva

  1. Leticia Molina says:

    Que bonito post Ruth, cuanto me alegra que ahora estés bien y de todo lo que aprendiste. Te cuento que no tuve Internet ayer y a fuerza me toco que descansar de todo esto, me sumergí en los libros y en mis pensamientos, retome mi diario, fue un bonito día. Un abrazo amiga.

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