Lo que no sabe

Despertaba con los ojos llenos de arena y calor en cada poro de piel,

estirar sus extremidades era lo que necesitaba

mientras su nariz precibia el dulce olor a miel

respiraba como si fuese un suspiro…

profundo, casi como el alba.

 

Rosaba su piel, con un roció impregnado

como el de aquellas rosas que duermen bajo el techo estrellado,

su cabello revuelto, pero en perfecto orden

hace equipo con su sonrisa para darnos la bienvenida

a esto que es un nuevo día.

 

 

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