Mango

Hay días cuando la extrañación llega y te invade, extrañas aquella palabra, aquel beso, aquel abrazo, eso que te hace suspirar cuando piensas en el pasado, eso que te hace inspirar tu presente, no aquello que te hace sufrir, maldecir o demoler.

Se empieza a sentir la ausencia de su presencia, gracias a que inicio un gran viaje, en el cual alcanzaré, no sé cuando, no se como… Pero estoy segura, de que la alcanzaré y me encantaría que me estuviera esperando, con su amor entre las manos, ese amor, que aún con su partida siento.

No la puedo tocar, pero eso no indica que me dejo sola, eso no significa que no pueda sentir su abrazo o que crezca un dolor dentro de mi, por mi egoísmo de quererla de regreso. Seguro estará feliz y tranquila… Llena de paz, platicando con su madre, hermanas y demás, como aquellas buenas tardes en familia, simplemente aún no llego, pero ella ya me espera.

La tengo a flor de piel y la recuerdo en cada detalle que pasa por mi mente, como en la cocina, cuando preparo milanesa de pollo  y hay mango… Pues en una tarde vi esa receta, la prepare para ella y para mi… nos encanto.

Así que cada temporada de mangos había milanesa de pollo con mango, cada vez mejorando la receta… Cada vez con más detalles en cada bocado.

Señora, doña Rafa, vive en mi corazón, alimenta mi alma y ahora mi egoísta mente extraña sus guisos, su abrazo, su sonrisa y hasta su regaño. Dios te siga bendiciendo madre.

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